La lectura del Evangelio del próximo Domingo ilustra la autoridad de Jesús. Si verdaderamente aceptamos su autoridad en nuestras vidas, podemos regocijarnos en el Señor aun cuando la vida nos trae dificultades.

¿Por qué? Porque sabemos que la autoridad de Cristo es suprema, lo cual significa que todo lo que hemos colocado bajo su autoridad producirá buenos frutos. Hasta las situaciones difíciles serán transformadas en bendiciones. Las tragedias se convertirán en triunfos. Las tristezas en alegrías. Las frustraciones serán la base del nuevo crecimiento, nuevo conocimiento, y una mayor capacidad para servir a los demás.

Sin embargo, si rechazamos la autoridad de Cristo, comportándonos como si fuésemos los encargados, decidiendo por nosotros mismos cómo terminar un problema o cómo y cuándo escapar de dificultades, nuestros problemas serán peores. A esto se le llama “relativismo moral.” A menudo, el Papa Benedicto habla en contra de esto: Él define el relativismo como“dejarse llevar por cada viento de ‘doctrina’…”(Abril 19, 2005).

El camino a la alegría ha sido forjado por las huellas de Jesús. Para beneficiarnos de su autoridad sobre el mal y sobre el sufrimiento humano, tenemos que seguir su ejemplo y obedecer sus enseñanzas. Esto significa decidir confiar en Él, reconociendo que sus caminos son los mejores, incluso cuando son caminos desagradables. Esto significa que estamos dispuestos a alcanzar la gloria de la resurrección, yendo a través de la cruz con Jesús.

No existen atajos exitosos hacia la victoria triunfante que nos espera. No existe una forma fácil de superar el mal. Si esto no fuese verdad, Jesús no hubiese tenido que morir en la cruz.

Las buenas nuevas - la razón por la cual podemos regocijarnos - es que el más amoroso, el más poderoso, el más sabio en el universo está usando su autoridad suprema para nuestro bien. La pregunta es: ¿Nos someteremos a ella?

Preguntas para la Reflexión Personal: ¿En qué formas continúas rechazando la autoridad de Cristo, tratando de hacer las cosas a tu manera? ¿Cuáles enseñanzas de la Iglesia has estado rechazando porque has decidido vivir por tus propias reglas? ¿Estás dispuesto a pedirle al Espíritu Santo que cambie tu opinión en estos temas, y que te enseñe el valor de los caminos de Cristo?

Lecturas del Próximo Domingo:
Deuteronomio 18:15-20
Salmos 95:1-2, 6-9
1 Corintios 7:32-35
Marcos 1:21-28